AMIGO – Por Roberto Rule

La noticia me impactó de tal manera que la noche con sus angustias y recuerdos no me dejaron dormir. Las nostalgias andaban por todas partes, iban de un lado a otro, me sacaron de la cama y me llevaron a empujones de la oscuridad a la escuela donde había realizado la primaria. Como en una nebulosa vuelvo a pasar por mi corazón el lugar donde fueron sus comienzos. Primero fue un puesto de estancia donde concurríamos con mi hermano, luego se fueron agregando niños silenciosos, huidizos y tímidos parecidos a nosotros.

Con el tiempo, cruzando el camino, aparecieron unas placas de hormigón armado que serían sus paredes, con piso de tierra, alambrados de púas de cuatro hilos que tocaban las paredes y las presentes ausencias de luz, gas y calefacción. Estoy hablando de nuestra escuela Nro. 20 de General Alvear, lugar de afectos alejado de las comodidades y condiciones necesarias para las tareas de enseñar y aprender.

Durante los años de nuestra escolaridad siempre estuvimos rodeados de padres que se acercaban para compartir alegrías y necesidades. Aunque pensando como niños no necesitábamos nada, teníamos todo, nos sentíamos acompañados por el inmenso estoicismo de la maestra Margarita y de la inspectora Felisa Greco que de vez en cuando se daba una vuelta y dejaba los pocitos de sus tacos aguja en el piso de tierra. Aprendímos rápidamente sociabilidad, solidaridad, compañerismo, el valor de la amistad, el afecto desinteresado, el trabajo en la quinta y a jugar al futbol. Recuerdo compartir tareas con compañeritos de grados inferiores y superiores, resolver problemas juntos y realizar tareas. Nunca hubo una pelea, discusión o problemas. Todo era armonía, alegría y felicidad.

Los caballos permanecían atados al alambrado durante las cuatro horas que duraban las clases. Mi casa estaba a una legua de la escuela, trayecto que realice de lunes a viernes durante años. Llegué a recorrer más de diez mil kilómetros, algunas veces en el lomo de Cachafaz y de Dolito en otras. También venían otros niños a caballo, entre ellos Miguelito y Edgardo Reguera que vivían en el campo de los Mendiguren donde trabajan sus padres. De los dos hermanos, mi compañero y amigo por edad, era Miguelito que tenía un año menos. Un niño que siempre reía, jugaba y le prestaba poca atención a las tareas de la escuela. Los domingos íbamos con mi hermano a visitarlos, jugar al futbol y ver al zorrito que lo acompañaba como si fuera el Principito.

Terminé la escuela y me fui a realizar el secundario a Saladillo. A Miguelito lo dejé de ver, me enteré que se fueron del campo por problemas de salud de su madre María y que su padre Luis no soportó tanta tristeza y se quedó para siempre en ese lugar.

Pasaron los años y nos volvimos a encontrar en La Plata, a los 18 años se había ido a vivir a esa gran ciudad desconocida y hostil. Empezó rápidamente a adaptarse y a desarrollar su capacidad imaginativa sin límites. Aprendió a trabajar con motores, levantó su casa con sus manos y trabajó la madera hasta convertirse en un artesano que semejaba a los antiguos ebanistas. Formó su familia, siempre acompañado de su resiliencia, honestidad, adaptación y sobreposición a la adversidad, solidaridad, constancia, inteligencia y trabajo.

En forma desordenada mis recuerdos me llevan de la tristeza profunda de su ausencia a la alegría de haber conocido y convivido los años hermosos de la infancia con Miguelito Reguera, un ser humano entrañable salido de una escuelita rural ubicada en la inmensidad de nuestro campo Alvearense que nunca olvidaré.

A todos los que fueron sus compañeros de escuela, y a quienes lo conocieron, les hago llegar la triste noticia: el miércoles 14 de abril de 2021 la maldita enfermedad que asola el planeta nos robó un espejo donde mirarnos cuando pronunciamos la palabra amigo.

Roberto Rule

-. Egresado Escuela Nro. 20 de General Alvear

-. Egresado Colegio Nacional de Saladillo

-. Médico Veterinario Universidad Nacional de La Plata

-. Doctor en Ciencias Veterinarias Universidad Nacional de La Plata

-. Especialista en Microbiología Clínica y Sanitaria Universidad de Sevilla, España

-. Master en Ciencias, Universidad de Sevilla, España.

-. Investigador Científico

-. Autor de 90 trabajos científicos nacionales e internacionales

-. Autor de 4 libros de literatura

Actualmente la escuela Nro. 20 de General Alvear tiene una hermosa construcción y salón de fiestas.

Para mí sentir, sería una alegría inmensa que el lugar donde juegan los niños llevara el nombre de Miguelito Reguera, como ejemplo de superación y lucha de vida, la biblioteca el de Eduardo Rule, quien fuera de los primeros alumnos de la escuela, y bien alto con letras grandes el de su maestra Margarita de Fortain quien llevó adelante la tarea de crear un lugar donde jueguen, se escolaricen y socialicen los niños que habitan los campos de nuestra venerada patria.

6 Respuestas a “AMIGO – Por Roberto Rule”

  1. Gracias Roberto Rule!… Enorme emoción leerte y recordar!…
    Seguramente yo era uno de esos «niños tímidos» de ésta historia…
    Recuerdo a Miguel también… Gracias otra vez!!.. Ya había leído algunas de tus deliciosas historias con ese inconfundible sabor a campo!.. Hermosos recuerdos!

  2. Cuánta nostalgia en estas letras; los caminos de la infancia tiene un valor superlativo, quedan guardados en el corazón, con los nombres de los que nos acompañaron en nuestro derrotero.
    También yo recuerdo los zapatos de taco aguja de la directora Gladis de mi escuela, en City Bell. Se enterraban en la tierra donde se construían las aulas nuevas.

  3. Como siempre dibujando con la palabra. Un abrazo al cielo para todos los miguelitos que fueron compañeros de esta ruta que algunos llaman vida.

  4. Gracias Roberto , por compartir esta histora tan intima . Es un vetdadero recuerdo , en el sentido original de la palabra.
    A tu curriculum le agregaria gran persona y buen amigo de sus amigos….Saludos

  5. Sin palabras…Un gran orgullo debe sentir esa humilde escuelita por ése niño que devino en un gran hombre de Ciencia, pero por sobre todas las cosas cultivó el sentido de la amistad como nunca y jamás se olvidó de sus orígenes! Te felicito Roberto. Emociona e invita a la evocación!!

  6. Hermosas y emocionantes palabras Roberto, se agradece el cariño. Y si se llega a llevar a cabo tu idea, me encantaría poder ir a conocer ❤

Los comentarios están cerrados.