Universidad Nacional de La Plata en Saladillo. Por Roberto Rule

Ciudad de La Plata, lunes 5 de julio de 1993, la mañana estaba iluminada como un fuego, aunque era invierno así lo sentía. Fuimos en el Renault de mi propiedad, le pedí por favor al Secretario Académico de La Universidad de La Plata, el Médico Veterinario Rogelio Bruniard, que me dejara llevarlo. Antes los pongo a ustedes lectores en situación: dicho señor había sido alumno de la Cátedra donde fui docente, lo conocía perfectamente por su capacidad intelectual y su inclinación a perseguir el bien común. Siempre nos encontrábamos a charlar de la vida y de cuestiones académicas de nuestra Facultad. Durante un tiempo lo estuve atosigando con la propuesta de conseguir para Saladillo lo que fue negado a muchos de mis compañeros por cuestiones económicas. La Plata con su Universidad quedaban lejos de los bolsillos de muchos jóvenes capaces y decididos que había conocido. Sigo, a las 9 de la mañana del 05 de julio de 1993 pasé por la entrada de la Universidad de Nacional de La Plata. Subió Bruniard con el termo y el mate, tranquilos tomamos la 44 y seguimos hasta la ciudad de Montes, de ahí a Lobos y luego al destino fijado. Respecto del tema a tratar me preguntó si en Saladillo estaban enterados de nuestra visita, le contesté que el nuestro era un Intendente de puertas abiertas. Me miró de reojo y me dijo, que por su militancia, lo conocía. Fuimos charlando y recordando momentos que no trascendieron lo cotidiano. Pasado el mediodía estacioné el Renault 12 enfrente de la plaza principal, bajamos y nos dirigimos hacia el despacho del Intendente Carlos Antonio Gorosito. Nos atendió su secretaria y de forma inmediata nos hizo pasar. Con amabilidad, y cara de estar contento por nuestra visita, nos atendió. Le presenté al Secretario Académico y brevemente le expliqué cuál era el propósito de nuestra presencia: llevar la Universidad Nacional de La Plata a la querida Ciudad de Saladillo. Rogelio, con su dialéctica e inteligencia que lo caracteriza, explicó el proyecto. A los pocos instantes de permanecer en el lugar aparecieron el periodista Aldo Rachit y un fotógrafo. Entre todo lo conversado por los importantes protagonistas solo en un momento pedí la palabra, y a modo de sugerencia dije que las unidades académicas que llegaran a Saladillo deberían cumplir el requisito de ser de utilidad para la producción y la sociedad porque será esta la que con sus impuestos fuera a pagar tan importante suceso. Me negué a salir en las fotos porque los protagonistas eran ellos. Nos despedimos del Señor Intendente, en ese momento para mí era Carlos, el mismo que había conocido y tratado durante mi adolescencia e infancia. Recuerdo este acontecimiento como algo transcendente y muy importante. Felices de haber podido colaborar en defensa de la educación pública, gratuita y laica, emprendimos el regreso lentamente como no queriendo desprendernos de las sensaciones vividas.

Roberto Rule