PRIMEROS DÍAS DE COLONOS “La llegada al campo” – Por Lis Solé

    Muchos pueblos del interior vieron su cotidianidad transformada después de la creación de las colonias agrícolas que no sólo afectó a los colonos propiamente dichos sino también a la comunidad donde fueron fundadas. El movimiento en los pueblos fue otro, se crearon las Cooperativas, se intensificó el intercambio de mercaderías y hubo más gente en el campo con muchos alumnos en las escuelas, centros educativos agrarios, culturales y sociales de las colonias.

    En General Alvear se crearon dos: la colonia “El Fortín” -actual colonia “Fortín Esperanza”- y la “hermana menor”, la colonia “San Salvador del Valle”, fundada 20 años después, en 1969. Este año se cumplen cinco años del DÍA DEL COLONO y ante la fecha de una nueva evocación y homenaje, amerita contar cómo fue la llegada de estas 73 familias a los campos y revivir sus experiencias en los primeros días en la colonia.

LA HISTORIA DE PRIMERA MANO

    La historia, poco contada, casi como oculta, se va perdiendo en el tiempo con la ida de los abuelos y la inexistencia de documentación escrita. Uno intenta imaginar los primeros días en la chacra adjudicada y los pensamientos que pasaron por su cabeza en ese momento crucial para su vida y la de su familia.

    A esas historias familiares se las llama “Historias Mínimas”, historias que se concentran en las “pequeñas cosas de la vida” que paradójicamente, son las que cuentan en los momentos difíciles y que son imprescindibles en la historia de los pueblos. 

    Hace cinco años, con el objetivo de poner énfasis en el “conocimiento de la idiosincrasia del colono de ese entonces”, el Concejo Deliberante de General Alvear y la Cámara de Diputados de la Provincia declararon el 15 de Julio de cada año como “DÍA DEL COLONO” en homenaje a esas familias que tanto influyeron con su hacer cotidiano en la historia alvearense. 

    Cada familia de colonos tiene su historia parecida o diferente a todos los demás, pero sin dudas, es una HISTORIA ÚNICA que enriquece la historia colectiva.

    Hoy, van los recuerdos sobre la LLEGADA al campo de dos de las 73 familias que fueron adjudicadas con lotes. Por la Colonia Vieja, Ricardo Cuezzo, hijo de Nicolás “Cono” Cuezzo de la colonia “Fortín Esperanza” y Olga Solé, de la colonia “San Salvador del Valle”, hija de Fermín Solé.

CAMPO SIN ÁRBOLES EN LA COLONIA “EL FORTÍN”

La familia de Nicolás “Cono” Cuezzo.

    Después de la expropiación a Urquiza, el Instituto Autárquico de Colonización dividió 5.978 hectáreas en 37 lotes que fueron adjudicados desde 1938 a 1943 durante la gobernación de Manuel Fresco del Partido Demócrata.     Los campos eran muy grandes, casi sin alambrados y sin conocimiento exacto de los límites. La entrega de los lotes en la primera colonia fue algo irregular, algunos primeros, otros después… Tanto es así que hay poca exactitud sobre la fecha de creación por esa misma tardanza en algunas adjudicaciones.     Los Cuezzo llegaron en el año 43 para mudarse al lote N° 17, lote que figura en el plano de 1939 “en proceso de adjudicación” porque decían tal como recuerda Ricardo, que “el campo era muy malo”.

    El campo era muy llano con sólo una planta de la ex tapera de Bustamante, puesto de un arrendatario de Urquiza. Cuando se comenzó a murmurar de la expropiación los dueños se lo quisieron vender pero tal como contaba años más tarde, no le gustó la idea de comprar y de ir pagando a plazos, por eso se fue y se radicó en Tapalqué.

LA MUDANZA CON EL VIEJO CAMIONCITO “RUBI”

    Los Cuezzo eran contratistas rurales, tenían el campamento provisto, la máquina cosechadora y un sulky, pero no tenían carro… Así que hicieron la mudanza “con el viejo camioncito ‘Ruby’”, propiedad de la familia, pero como del rancho de Bustamante no había quedado nada, al principio ellos vivían en una chacra camino al Parche. De allí, Ricardo con su mamá venían todos los días en sulky para ayudar en todo lo que hiciera falta y hacer la comida mientras su padre y hermanos construían el galpón para guardar la máquina cosechadora.  

CAMPO SIN AGUA PARA LOS ANIMALES

    El primer problema fue que en el lote no había agua y la necesitaban para los animales. Tenían algunas vacas, pocas ovejas pero sí unos 25 caballos que eran los que tiraban las máquinas, y los problemas “se debían solucionar sobre la marcha, lo más rápidamente posible y con mucha creatividad”.

    En esa época los molinos a viento eran todos importados y no se conseguían porque las importaciones estaban paralizadas por la Segunda Guerra Mundial, así que hubo que hacer un pozo de agua.  Una vez hecho el pozo con una roldana en una especie de cruz colgada de dos palos, una cuarta larga y un balde especial sacaban el agua tirando las cuerdas con un caballo que iba y venía.

    Nicolás “Cono” Cuezzo construyó un bebedero grande que debía llenarse varias veces al día, tarea que hacía Ricardo lleno de orgullo porque haciendo ese trabajo y con sólo ocho años: – “yo era Gardel”. Ricardo agrega que el uso de ese sistema para dar agua a la hacienda fue una solución provisoria ya que al poco tiempo la Fábrica Istilart de Tres Arroyos comenzó a fabricar los molinos y en Alvear, los vendía la Casa Nomdedeu. 

Y SE CREA LA HERMANA MENOR: LA COLONIA “SAN SALVADOR DEL VALLE”.

La familia de Fermín Solé.

    Veinte años después, se crea la colonia “San Salvador del Valle” sobre los campos de Olaso y a pesar de las dos décadas pasadas, la realidad fue parecida. Esta vez fueron 10.600 hectáreas divididas entre 36 familias. Los colonos salieron al otro día de la adjudicación -que fue el 17 de julio de 1969-, para tomar posesión inmediata de las chacras a pesar de que no todas tenían casa por lo que algunos debieron armar campamentos con casillas de chapa o madera.

    Fermín Solé fue adjudicado con el lote N° 1, “El Rincón”. Su hija Olga recuerda que un día cargaron todo en un camión de mudanza y se instalaron en una especie de garaje grande con cocina detrás y un excusado afuera. El lote era un gran pajonal en un potrero inmenso sin divisiones, alambrado sólo en su perímetro, sin molinos ni aguadas. 

SIN CAMINOS PARA LLEGAR

    Los puesteros de Olaso hacían todo el recorrido a caballo y para eso iban por el campo, sin necesidad de caminos. La familia Solé llegó con un sulki y una camionetita que le decían “La Pajarera” por un “camino” que “no era más que una huella en el pasto”

    Fermín Solé trabajaba en la chacra y llegaron a la Colonia con tractor y herramientas, casi las únicas que había en la zona. Con la colaboración de Juan García enseguida intentaron bajar los bordos que habían quedado de la construcción de los dos canales de Olaso y Urquiza, para construir un camino hasta las últimas casas, colocando las alcantarillas y alisando los desniveles con un tractor Fiat 60, un Someca, un disco y la pala de buey.

    La situación era muy precaria, sin ninguna comodidad y en pleno invierno. La mayoría de la gente de no tenía autos y se movían a caballo, en sulky, en jardineras o en chatas tiradas por caballos. Los únicos autos de esa parte de la Colonia eran una pickup de Selvino Sivero, “La Pajarera” de Solé y un Jeep carrozado de Juan García.

    Como Olga y su hermana Marta tenían nueve y diez años, iban a la escuela primaria así que hicieron Cuarto y Quinto Grado en la Escuela 8 donde vivían “como pensionistas” con sus tíos Rodolfo y Doris para evitar las idas y venidas sin caminos y en sulky hasta la escuela.

CON MUY POCA HACIENDA Y SIN AGUA BUENA

    Olga, de nueve años en ese momento, recuerda haber llegado contenta y apurada por ayudar a bajar las gallinas que se estaban ahogando y ya ponerse a trabajar, ordenando todo lo posible dentro de la única habitación de la casa. 

    Llevaban lo que ya tenían en la quinta cerca del pueblo: gallinas, gallos, un caballo colorado con clinas negras, la yegua para el sulky que se llamaba “La Chiquita” y una vaca lechera. Como no había agua, toda la familia bombeaba a mano para los usos de la casa y fundamentalmente para dar agua a los animales pero no era buena agua para consumo así que pronto debieron construir un aljibe y guardar el agua de lluvia. 

DÍA DEL COLONO DE GENERAL ALVEAR.

    En 2015, el Presidente del Concejo Deliberante de General Alvear, ingeniero Amílcar Márquez y en base a una solicitud entregada por la Comunidad Educativa de las Escuelas Primarias N°  8 y N° 15 en conjunto con la Escuela Secundaria N°1 anexo 3011, redactó la Ordenanza que fue votada por unanimidad el 3 de septiembre.

    La Ordenanza considera que la declaratoria del Día del Colono “es un justo homenaje a aquellos hombres, mujeres y niños que emprendieron un duro y sacrificado camino de colonización cambiando la realidad de la época”.

    15 de Julio. Día del Colono. Historia de 73 familias y su descendencia que quedaron ligadas para siempre al campo.

    Historias mínimas. Historias parecidas que se replican en las distintas colonias que fueron creadas en la provincia de Buenos Aires. Pequeñas historias de colonos que marcaron la vida de generaciones que dieron lo mejor de sí para subsistir y progresar en un principio con muchas carencias pero sin bajar los brazos, con el espíritu contento y el alma inquieta.

Agradecimiento a los colonos Ricardo Cuezzo y Olga Solé para contar con paciencia y orgullo los primeros días en las colonias, así como tener la gentileza de acercar sus fotografías.

Fotografías: 

  • Marta y Olga Solé delante de la camioneta “La Pajarera”. Colonia “San Salvador del Vlalle. General Alvear. Buenos Aires. Año 1969.
  • Antonio Cuezzo delante del pozo de agua. Colonia “Fortín Esperanza”. General Alvear. Buenos Aires. Año 1943.

Bibliografía:

  • Ordenanza del HCD de General Alvear del 3 de septiembre de 2015 “Día del Colono”.
  • Solé, Lis. Colonia “Fortín Esperanza” de General