CARTA ABIERTA: Lo bueno de lo malo. Por Roberto Rule

* (A los sufridos habitantes de nuestro país).
Llegará un día que nos quedaremos en casa a cuidar las flores, a leer los libros que siempre
esperaron pero por muchas razones no atendimos, a realizar comidas sencillas y ricas como
los sándwiches de huevos fritos que solían llevar de vianda a su trabajo los obreros italianos de
mitad de siglo pasado. A amasar, durante una hora, el pan preparado con solo una cucharadita
de levadura y dejar levar durante un día para que nos sorprenda con sus inmensos ojos. A
escuchar que en la radio y la televisión hablaran de los ancianos, los enfermos, los
desposeídos.
Escucharemos también enfatizar en las cosas que tienen valor verdadero como las frutas, las
verduras, el agua, la higiene y el cuidado de la salud. Valoraremos, sin que intervenga el
dinero, a los médicos, enfermeros, camilleros, choferes de ambulancias, técnicos de
laboratorio, los hospitales públicos, los medicamentos esenciales, las terapias, las camas
disponibles y se discutirán las posibles soluciones a los problemas que nos aquejan. El
Presidente de la republica antepondrá nuestra salud a todas otras cuestiones. Veremos que el
dinero del Estado, generado con los impuestos, será utilizado para satisfacer las necesidades
de las personas que sufren. Nos alegraremos de que las acciones de los organismos de
seguridad sean reconocidas, que los delitos disminuyan y que se pueda servir a la patria
poniendo un plato de comida a los que lo necesitan. Que conversemos con nuestros vecinos, a
través de los paredones sin vernos la cara, de nuestra salud, de cómo nos sentimos, de cuáles
son nuestros gustos, qué amamos, qué tememos, qué haremos en un futuro que no sabemos
cuándo y cómo vendrá. Preguntaremos y nos preguntarán por teléfono, correos electrónicos y
redes sociales, sobre familiares, amigos olvidados, personas desconocidas, por nuestros seres
queridos, nuestros amigos en común, compañeros de colegio, de equipos de futbol. Irán
apareciendo personas que apenas registraba nuestra memoria, cobrarán actualidad, estarán
presentes, dejarán de ser olvidados, volverán a existir, le daremos lo más maravilloso de esta
experiencia humana, le daremos vida. Preguntaremos por los ciudadanos de cada uno de los
países de nuestro planeta, sabremos cuantos habitantes tienen, como son sus sistemas de
salud, contaremos hasta las camas y respiradores de terapias. Conoceremos como gobiernan
los poderosos el mundo escuchándolos hablar de las cosas que les importan. Las bolsas y el
riesgo país enmudecerán y los panelistas expertos en economía con sus vaticinios optimistas,
que nunca se cumplen, descansarán en sus casas obligatoriamente.
Nos enteraremos como están en General Alvear, Tapalqué, 25 de Mayo, Roque Pérez y
Saladillo, cómo los funcionarios de esas ciudades discuten sus necesidades en alimentos,
insumos sanitarios y trabajan sin horarios rebajándose sus sueldos para que la gente no sufra.
Aplaudiremos a los médicos, y a los artistas cuando nos regalan su arte desde sus casas. Nos
alegraremos que a los animales, los insectos y a la naturaleza les pudiéramos dar un respiro a
la asfixia que los hemos sometidos.
Pareciera que todo esto estuviera sucediendo en mi imaginación, pero no, eso que siempre me
imaginé llegó, es real. Solo pido con la fuerza de mi corazón que se vaya todo lo malo e
invisible que nos llevó a esta situación, pero que todo lo demás que estoy viviendo se quede
para siempre.

*Escritor