TANGO – Por Roberto Rule

Se escapa la vida. Corre por un estrecho sendero sin rumbo fijo. La mirada perdida y el humo del cigarrillo son las únicas respuestas ante el rápido e incesante destino. No importa, es lógico e inevitable que así sea. Él perdurará con su sombrerito requintado, apoyado en una esquina, mirando de reojo pasar una vecina. Con el pucho en la boca, los zapatos bien lustrados y el tiempo, que lo quiere mostrar desactualizado, se rinde a sus pies obligándolo a repetirse hasta el hartazgo para simular que no transcurre. Las moscas lo acompañan junto a un banco de una plaza y el farol y el buzón y el adoquín. Color de hollín y grasa en su solapa. Pantalón de algodón y raya bien planchada. Memoria prodigiosa del pasado con presente de números a la cabeza y a los premios. Solitario con tristeza de luces que apagan los recuerdos de una ciudad que brillaba de noche. Hoy sólo se muestra, a altas horas, la decadencia acompañada de la marginalidad extrema. Que nunca será central aunque paguen los vivos del confort y lo moderno. Espera y siente, y con él el abismo de las noches que no vuelven. Con la lejana esperanza de escuchar al gordo Troilo escabiado recitar en una esquina. Con el corazón arrugado de sentarse en el futuro. Sin sentir el cariño al pagar una noche con amigas. Con el tiempo a su favor para detenerse y apagar el pucho con la punta del tamango dando giros. Con escasos mangos que te hacían millonario los amigos de la barra. Peleando para que te dejen gastarlos y sentirte feliz de poderlos compartir sin egoísmos. Dios devolveme, por favor, unos segundos y te doy todo. Todo. Te lo suplico, por favor. Ya no aguanto más esta eterna espera sin sentido. Sin Julio, sin Enrique, el narigón y Edmundo. Sin poderlos escuchar si no los veo. Si no siento el olor de la vida que era eterna. Llena de alcoholes, talco en las mejillas y sonrisas como muecas al observar al gil y el cajetilla, el otario y el chambón acechados por el vivo con sus codos apoyados en la barra. Te entrego el alma y me devolvés mis noches, sus tangos y los amigos. Te la doy sin hipotecas hasta que digas basta y comiences a dar con los naipes de la muerte. Si fuera bailando un dos por cuatro con Martita mucho mejor. Si me pudiera oír. Si no tuviera tanto universo que atender. Si se sentara en este banco y me escuchara, esta noche me encontraba con Tito Ferrari y sus tangos y bailaba con la orquesta de Beneventano en Colegiales.

3 Respuestas a “TANGO – Por Roberto Rule”

  1. Que buena descripcion, creo que llegue a verlo parado angustiado y destilando nostalgia .Muy bueno Roberto

  2. En mi humilde opinión, sorprendente texto por lo atípico, sin que esto le reste valor, muy por el contrario! El cambio de contexto de lo rural por lo radicalmente urbano, barrial, mantiene una cualidad identitaria del autor: la invitación a la reflexión a través de una particular habilidad narrativa para confeccionar imágenes a partir de las palabras. Celebro esta denuncia, lo que el tiempo pueda arrasar del mundo , la nostalgia lo preserva en cada uno de nosotros.

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