RELATOS DE NUESTRA HISTORIA: AQUELLOS ITALIANOS DEL SIGLO XIX – Por Rubén Fondado

La experiencia de la emigración, el desarraigo y las privaciones no era nada sencilla. Seguramente esas dificultades y carencias materiales y espirituales, fue por la que pasaron aquellos primeros inmigrantes italianos en los años fundacionales de General Alvear, como Benito Rossati, Catalina Massone, Domingo Garabenta, Francisco Granieri, José Delía, María Teresa Labruta, Ángel Martoni, Emilia Delucca, Miguel Gruccio, Miguel Migliore, Antonia Certaro, Pascual De Lucchi, Juan Bautista Sava y muchos más. Un gran porcentaje de esos inmigrantes no se nacionalizaba y mantenía intactas sus costumbres dentro de reducidos círculos de relaciones sociales. Fue entonces que en el contexto de ausencia de políticas públicas orientadas a la protección y la previsión social las redes de solidaridad se fueron traduciendo en asociaciones de carácter mutual. Los principales móviles fueron la necesidad de contar con servicios de atención a la salud, expresados en la intervención de un médico y la distribución de medicamentos, sumados a la importancia del ritual de un entierro digno. 

El 20 de septiembre de 1870 se produjo la toma de Roma constituyendo el evento final del largo proceso de unificación italiana conocido como “Risorgimiento”. Ese día marcó tanto la derrota final de los Estados Pontificios bajo el papa Pío IX como la unificación de la península italiana bajo el rey Víctor Manuel II de la Casa de Saboya.

Ese fue el motivo por el cual los italianos en 1883 eligieron el 20 de septiembre de ese año para fundar la primera Sociedad de Socorros Mutuos que se fundó en General Alvear. Nació así la Societá Italiana di Mutuo Soccorso a la cual se le impuso el nombre de “Giuseppe Garibaldi”, en reconocimiento a quien fue uno de los principales líderes y artífices de la unificación de Italia como así también por sus luchas en Latinoamérica. La Societá fue un valioso lugar de contención, tanto para los que estaban solos como para las familias. Para los italianos, conservar, apuntalar e incentivar los sentimientos de pertenencia hacia la cultura, la historia y las tradiciones del país que se había dejado atrás formaron parte de los objetivos de su asociación. 

Cabe destacar aquí que entre las fechas de fundación del partido y de la Sociedad Italiana distaron apenas 14 años. Esto es un claro indicio de la incidencia de la asociación en la comunidad local, literalmente desde los inicios del partido.

Tres años después de su creación, bajo la presidencia se Miguel Migliori y siendo secretario Severino Dellavalle la institución llevó a cabo una Asamblea General en la cual se aprobó el 4 de abril de 1886 el Reglamento para su funcionamiento. Los socios pasaron así a recibir asistencia en circunstancias de enfermedad, accidentes laborales o muerte. Pero a la ayuda material se sumaba el compromiso social de acompañamiento a los socios enfermos, la obligación de asistir al velatorio en caso de muerte y de acompañar el cortejo fúnebre con los estandartes de la sociedad. 

Uno de los más significativos actos anuales que llevaban a cabo era el del 20 de septiembre, fecha histórica para la patria italiana, y se lo realizaba con una serie de festejos consistentes en Marcha Cívica, banquete y bazar. Eran momentos para conversar en su propio idioma, cantar, recibir noticias de la tierra madre, intercambiar opiniones, pensamientos, inquietudes y recuerdos.

En 1888 asumió la presidencia Francisco Jannicelli siendo reelegido para el cargo de secretario Severino Dellavalle. En ese año año fue fundada la Sociedad Española de Socorros Mutuos generándose entre ambas instituciones de inmigrantes una cordial relación marcada por notas donde expresan sus nobles sentimientos. Fue común que a partir de ese año la Sociedad Italiana invitó a la Española a los festejos del 20 de setiembre.

Domingo Bacca se hizo cargo de la presidencia en 1889 y R. Macía de la secretaría, y fue bajo la conducción de esta Comisión que se procedió a la colocación de la Piedra Fundamental del edificio propio, bajo la cual fue colocada una botella con la lista de los doce miembros fundadores. Teniendo entre sus socios muchos constructores y albañiles pronto se inició la construcción de la sede italiana a una cuadra y media de la Plaza principal. El edificio era una construcción sencilla, casi se puede decir a escala doméstica, con el lenguaje neoclásico tan propio de los constructores italianos alvearenses de la época, mostrando un frente de ladrillos sin revoques y casi desprovisto de ornamentos y retirado en gran parte por unos cuatro metros de la línea municipal. El local propio, amueblado con sillas, mesas y cuadros aportados por los asociados, además de constituir un elemento de prestigio permitió alquilar el salón para celebraciones o reuniones lo que proporcionaba una fuente adicional de recursos para sostener la institución. Albergando esos eventos, la sociedad se convirtió en esos años en punto de referencia de la vida cultural local. 

Llegó 1891 y nuevamente asumió la presidencia Miguel Migliori y en 1897 cuando ya General Alvear contaba con 117 varones y 56 mujeres italianas, la institución pasó a ser presidida por Juan Gruccio y bajo su conducción, la “Garibaldi” entró en el siglo XX.   

 RUBÉN FONDADO